Maternidad y familia

Vida profesional después de ser mamá

Hace unas semanas, iba camino al centro de la localidad en la que vivo. Estaba tranquila y feliz de poder tomar un poco de aire puro. Después de muchos días de encierro, caminar un poco sola me hacía muy bien. Mientras pensaba en trivialidades, caí en la cuenta de lo que estaba haciendo: estaba yendo a mandar un telegrama de renuncia.

“Tendría que estar preocupada”, pensé. Pero sinceramente, no lo estaba, aunque motivos no me faltaban: estaba renunciando a un ingreso económico importante. Pero tengo en claro que Dios tiene cuidado de nosotros, porque este trabajo me lo había dado él en un momento de necesidad (en el artículo “Pizarra de agradecimiento” cuento en qué momento Dios me dio ese trabajo).

Al intercambiar mi empleo por la crianza de mi hija, algunos podrán pensar que perdí, que tuve que abandonar parte de mi vida profesional para encerrarme en casa a cambiar pañales. Yo lo veo de otra forma. Siento que cambié un regalo lindo por otro todavía mejor.

Valorar lo importante

Actualmente, las mujeres estamos invadidas por ideas populares que descalifican el rol de la mujer. Hace algunos años, un profesor del colegio nos dijo la siguiente frase: “Mientras las mujeres son amas de casa, los hombres son amos del mundo”. Siendo una adolescente, esa idea un poco me tambaleó. Lógicamente tenía un poco de sentido, pero sabía que había algo incorrecto en esa afirmación.

La desigualdad que propone esa frase es abismal. Te lleva a pensar que mientras atendés la casa y a tu familia, perdés el tiempo. Que mientras te ocupás de lo chiquito, otro, el “macho”, el “patriarca” (ya no sé ni de qué forma llaman al hombre), se ocupa de lo grande. Que si no ocupás un puesto importante en una empresa, no sos nadie.

La sociedad le hizo creer a la mujer que el trabajo en la casa no es importante, como si la crianza de los hijos no afectara directamente en la sociedad. Pero lamentablemente, así estamos. Pagando las consecuencias por no saber diferenciar lo que sí es importante de lo que no lo es.

Pero no escribo esto intentando erradicar el trabajo de las mujeres que tienen hijos, sino para que sepamos, como mujeres, valorar nuestro rol.

Se puede ser mamá y profesional

De todas formas, el crecimiento profesional no termina cuando nace un bebé. En la actualidad hay muchas formas de poder desarrollarse profesionalmente y no todas requieren necesariamente que pases nueve horas en una oficina. Cada vez son más las mamás que con mucho ingenio y perseverancia sacan adelante emprendimientos propios.

Yo, por mi parte, aspiro a eso. Tengo sueños y proyectos que cada día pongo en manos de Dios para que algún día se puedan concretar. Pero, aunque deseo crecer en lo que me gusta, no me quiero desenfocar.

 

No todos los casos son iguales

No está de más aclarar que no todos los casos son iguales. Hay muchas mujeres que realmente necesitan salir a trabajar porque no tienen otra forma de cubrir las necesidades económicas de su familia.

Mi mamá fue una de esas madres que la luchó para que pudiéramos tener lo que necesitábamos y realmente la admiro por todo lo que se esforzó. Estuvo con nosotros cuando pudo y cuando no, estaba limpiando casas o atendiendo pacientes para que no nos faltara nada. Realmente su sacrificio fue un ejemplo para mis hermanos y para mí.

 

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