Reflexiones

¿El tiempo cura todas las heridas?

Esta mañana publiqué un pasaje en el Facebook de Color Femenino con una reflexión. Esta me recordó una situación que tuve hace un tiempo y se las quiero contar.

La reflexión que publiqué decía lo siguiente:

No hace falta detenerse demasiado para encontrar personas que sufren; las vemos en las noticias, en la calle y muchas veces en nuestro propio reflejo en el espejo. Sufrimos porque estamos sujetos a leyes físicas y a leyes espirituales. Sufrimos porque vivimos muchas veces lo que no quisiéramos vivir y muchas otras por consecuencia de nuestras malas decisiones. Sea por una cosa u otra, Dios puede cambiar esa tristeza en gozo. Si esta es tu situación, acercate a Dios, en una oración sencilla y sincera.

Cuando la escribía, pensaba en cómo viene ese gozo a las personas que se acercan a Dios. Conozco testimonios de gente que habiendo tocado fondo, en medio de su desesperación clamó al Señor y sintió su ayuda inmediatamente. Hay muchos, muchos testimonios de este estilo.

Sin embargo, también conozco gente que vive o vivió una situación difícil y este proceso de sanidad no es tan “instantáneo” como el de otras personas.

Y esto era de lo que les quería hablar: hace unos meses hablaba con una chica que estaba triste por una decisión que había tenido que tomar y, erróneamente, le dije: “Tiempo al tiempo; el tiempo cura todas las heridas“. Al domingo siguiente la volví a ver y le tuve que aclarar que me había equivocado. El tiempo no cura las heridas.

Si no es el tiempo, ¿qué es?

Estoy editando un libro, que ya pronto va a estar a la venta, en el que la autora cuenta acerca de la pérdida de su esposo. Corregirlo y editarlo fue un placer porque más allá de todo el dolor, relatado con mucha sinceridad, la autora también nos deja ver cómo el Señor se fue encargando de sanar sus heridas y de suplir sus necesidades.

Este libro está lleno de verdades, y una de las que más me impactó fue ver cómo Dios usa a los hermanos de la iglesia para sanar nuestras heridas.

En estos días escuchaba a un pastor que mencionaba un ejemplo muy sencillo: pasó un hombre por una zona muy humilde, llena de sufrimiento, y le preguntó al Señor:

–¡Señor! ¿¡Por qué no haces nada frente a esto!?

–Ya hice algo –le responde Dios.

–¿Qué hiciste?

–¡Te hice a ti!

A través de la comunión con el Señor y con los hermanos, Dios obra. Tal vez no baje un ángel a darnos un mensaje directo del Cielo, pero sí nos rodea de gente preciosa, llena de su amor, para aliviar nuestras cargas. Por algo nos dice en su Palabra que no dejemos de congregarnos, porque estando en comunión con Dios y con los hermanos, crecemos y maduramos, espiritualmente hablando, y sanamos nuestro corazón.

 

Hasta aquí la reflexión de hoy. Si te gusta el contenido del blog, no te olvides de suscribirte para recibir todas las novedades en tu correo.

 

¡Un abrazo grande!

 

 

 

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