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Maternidad y familia

Aborto, ¿una solución?

Como muchos sabrán, mi esposo y yo estamos esperando un bebé. Este embarazo se dio en medio de toda la polémica social del aborto y es por eso que hoy quiero hablar de esto.

Mi experiencia

Cuando sospechaba de estar embarazada, me hice un test de embarazo para confirmarlo, y al ver que el resultado era positivo, la primera reacción que tuvimos con mi esposo fue: ‘”¿Será verdad?”. No lo podíamos creer. A la mañana del día siguiente me hice otro test: volvió a dar positivo.

No sé por qué será que con mi esposo nos cuesta ilusionarnos frente a una buena noticia (y esta era una noticia hermosa). Yo creo que porque no somos impulsivos, y todo lo analizamos bastante.

Bien, pasaron las semanas y nosotros solamente se lo habíamos contado a nuestras familias, pero a nadie más, porque para contarlo, esperábamos hacernos la primera ecografía, para ver que todo marchara bien y, aunque suene gracioso, confirmar que realmente estábamos esperando un bebé. Y es que, si bien tenía algunos síntomas (no muchos tampoco), yo no lo sentía, y por más que me informaba por medio de Internet del crecimiento del bebé, obviamente no podía ver cómo se iba desarrollando dentro mío.

A la semana ocho, fuimos con mi esposo a hacernos la primera eco, y ahí fue donde nos encontramos con una preciosura: un bebé miniatura. Medía 2 cm y ya se podía diferenciar la cabecita del cuerpo y escuchar los latidos de su corazoncito.

Trucos psicológicos

Hay una trampa importante en el tema del aborto, y es que te hacen creer que no es un bebé sino solo un montón de células. Escuché muchos testimonios en los que se contaba que a la mamá que está por abortar no le muestran a su bebé ni le dicen “mamá”. Unos pequeños trucos psicológicos para que la mujer no sienta tanta culpa por lo que está haciendo.

Yo estoy convencida de que la vida comienza en el momento de la concepción, pero así y todo ¡cómo me costaba convencerme de que estaba embarazada! Y no porque no lo quisiera, todo lo contrario, pero es un paso tan importante en la vida de una persona que creo que es más entendible que me haya llevado un tiempo entender todos los cambios que se me venían. Y si a mí, que lo deseé tanto este bebé, me costó caer en esa realidad, ¿cuánto más a alguien que no lo quiere, y que encima los que “más saben” acerca del cuerpo y su biología le dicen que eso no es un bebé?

Porque ese truquito psicológico lamentablemente funciona, pero solo por un tiempo, porque en algún momento te cae la ficha y decís: “Esto se viene en serio: voy a ser mamá”. El tema es que la ficha no te caiga tarde, porque si ya te deshiciste de ese “montón de células” y caíste en que de verdad ibas a ser mamá, ya no hay vuelta atrás, y ese bebé al que le frenaste los latidos lo vas a sentir por siempre, no ya en tu vientre, sino en tus pensamientos, en tu corazón, en el llanto de otros niños…

¿Qué pasa si ya aborté?

Si ya tomaste esta triste decisión en algún momento de tu vida, porque pensabas que era la única solución posible, ya no hay marcha atrás; evidentemente, no hay forma de hacer volver a ese bebé a la vida, ni ninguna manera de remediar este hecho. Pero si estás realmente arrepentida por lo que hiciste, en la Biblia dice que “si confesamos nuestros pecados, él (Dios) es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Entonces, el primer paso es confesarlo. ¿A quién? A Dios y después a alguna persona de confianza que te pueda ayudar. En este contexto, “confesar” significa “declarar el pecado que se cometió”. Cuando uno confiesa algo que hizo, lo hace en señal de arrepentimiento. Este es el primer paso que hay que dar para empezar con el proceso de sanidad, porque sí, es un proceso. Este hecho provoca muchos daños, no solo físicos sino también espirituales. Es por eso que la sanidad es un proceso, y solo Dios es quien te puede sanar.

 

Cualquier duda o consulta, no dudes en dejar tu comentario.

Marisol García

 

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